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La revolución de una brizna de paja de Masanobu Fukuoka


Artículos - Agricultura ecológica
Jueves, 06 de Marzo de 2008 22:03
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Cerca de una pequeña aldea de la isla de Shikoku en el sur de Japón. Masanobu Fukuoka ha estado desarrollando un método de agricultura natural que podría llegar a invertir la inercia degenerativa de la agricultura moderna.

La agricultura natural no necesita maquinaria ni productos químicos y muy poco desherbaje. El Sr. Fukuoka no labra el suelo ni utiliza compost. No retiene el agua en sus campos de arroz a lo largo de la estación de crecimiento tal como lo han hecho durante siglos los cultivadores de arroz en Oriente a lo largo del mundo. El suelo de sus campos no ha sido labrado desde hace veinticinco años, y sin embargo sus rendimientos se equiparan a los de las explotaciones japonesas más productivas.

Su método de agricultura requiere menos labor que cualquier otro. No causa contaminación no necesita combustibles fósiles. Cuando empecé a oír hablar del Sr. Fukuoka era escéptico. ¿Cómo podía ser posible obtener altos rendimientos cada año con cultivo de arroz y cereales de invierno simplemente esparciendo la semilla sobre la superficie de un campo sin labrar? Tenía que haber algo más.

Durante varios años he estado viviendo con un grupo de amigos en una granja de las montañas del norte de Kyoto. Nosotros utilizábamos los métodos tradicionales de la agricultura japonesa para cultivar arroz, centeno, cebada, soja y varias hortalizas. Los visitantes de nuestra granja a menudo hablaban del trabajo del Sr. Fukuoka. Ninguna de las personas había estado el tiempo suficiente en su explotación para aprender los detalles de su técnica, pero estas conversaciones excitaron mi curiosidad.

Cada vez que había un periodo de descanso en nuestro programa de trabajo viajaba a otras partes del país deteniéndome en explotaciones comunes realizando trabajos eventuales a lo largo del camino. En una de estas excursiones visité la explotación del Sr. Fukuoka para conocer por mi mismo su trabajo.

No estoy muy seguro de como esperaba que fuese, pero después de haber oído hablar tanto sobre este gran profesor me sorprendió algo el que vistiese las ropas y calzado del agricultor japonés corriente. Sin embargo su blanca barba y su forma de ser vigilante y segura le conferían la apariencia de una persona poco corriente.

Me quedé durante varios meses en la explotación del Sr. Fukuoka, durante esta primera visita trabajamos en los campos y en el vergel de cítricos. Allí, durante las discusiones nocturnas con otros trabajadores, estudiantes en una cabaña con paredes de barro, se me hicieron claros gradualmente los detalles del método del Sr. Fukuoka y su filosofía inherente. El vergel del Sr. Fukuoka está localizado en una ladera orientada hacía la bahía de Matsuyama. Esta es la “montaña’ donde viven y trabajan sus estudiantes. Muchos de ellos llegan con la mochila a sus espaldas sin saber lo que les espera.

Se quedan durante unos cuantos días o algunas semanas, y desaparecen de nuevo montaña abajo. Pero generalmente queda un núcleo de cuatro o cinco estudiantes que han permanecido allí alrededor de un año.

A lo largo de los años, mucha gente tanto hombres como mujeres han venido y se han quedado a trabajar. No hay comodidades modernas. El agua fresca se transporta en cubos desde el manantial, los alimentos se cocinan en un hogar de leña, y la iluminación se obtiene de velas y lámparas de queroseno.

La montaña es rica en plantas silvestres y hortalizas. De los ríos cercanos se pueden obtener peces y crustáceos, y del mar interior de las islas distante unos pocos kilómetros, algas marinas.

Los trabajos varían según la estación y el clima. El día de trabajo comienza a las ocho, hay una hora para el almuerzo (dos o tres horas en los cálidos días de verano), los estudiantes regresan del trabajo a sus cabañas justo antes del anochecer Además de los trabajos agrícolas, están las tareas domésticas del acarreo del agua, cortar leña, cocinar, preparar el baño caliente, cuidar las cabras, alimentar las gallinas y recoger sus huevos, vigilar las colmenas, reparar y ocasionalmente construir nuevas cabañas y preparar “miso” (pasta de soja) y “tofu” (cuajada de leche de soja).

El Sr. Fukuoka aporta mensualmente 10.000 yen (cerca de 4.000 pts) para cubrir los gastos de manutención de toda la comunidad. Estos consisten en su mayor parte en la adquisición de salsa de soja, aceite vegetal y otros artículos que no se pueden fabricar a pequeña escala.

Para el resto de sus necesidades, los estudiantes deben contar enteramente con los productos que cultivan, los recursos de la zona y su propio ingenio.

El Sr. Fukuoka tiene expresamente a sus estudiantes viviendo de esta forma semi-primitiva tal como él la practica desde hace muchos años porque cree que este tipo de vida desarrolla la sensibilidad necesaria para practicar la agricultura según su método natural.

En el área de Shikoku donde vive el Sr. Fukuoka el arroz se cultiva en las llanuras costeras y los cítricos en las laderas de las montañas. La explotación del Sr. Fukuoka consiste en 0.6 Ha. de campos de arroz y 6 Ha. de mandarinos. Esto puede parecer poca cosa a un agricultor occidental, pero dado que todo el trabajo se realiza con las herramientas tradicionales japonesas se necesita mucha labor para mantener incluso esta pequeña superficie.

El Sr. Fukuoka trabaja con los estudiantes en los campos y en el vergel, pero nadie sabe exactamente cuando visitará el lugar de trabajo. Parece tener el don de aparecer en los momentos en que menos se le espera. Es un hombre activo siempre charlando sobre algún tema. Algunas veces reúne a los estudiantes para discutir el trabajo que están realizando, a menudo señalando la forma en que este podría desarrollarse más fácil y rápidamente. Otras veces habla sobre el ciclo biológico de una mala hierba o una enfermedad fúngica del vergel, y ocasionalmente se detiene a recordar y reflexionar sobre sus experiencias agrícolas.

Además de explicar sus técnicas, el Sr. Fukuoka también enseña las técnicas fundamentales de la agricultura. Enfatiza la importancia de cuidar bien las herramientas y nunca se cansa de demostrar su utilidad.

Si algún recién llegado espera que la agricultura natural signifique que la naturaleza cuida los cultivos, mientras puede sentarse a observarla, el Sr. Fukuoka pronto le enseña que hay muchas cosas que tiene que saber y conocer. Estrictamente hablando, la única agricultura “natural’ es la caza y la recolección.

Hacer crecer cultivos es una innovación cultural que requiere conocimiento y esfuerzo. La diferencia fundamental es que el Sr. Fukuoka practica la agricultura cooperando con la naturaleza en lugar de tratar de “mejorarla” mediante su conquista.

Algunos visitantes vienen solamente a pasar una tarde, y el Sr. Fukuoka les muestra pacientemente su explotación. Frecuentemente se le ve subiendo a grandes zancadas por el camino de la montaña seguido de un grupo de diez o quince visitantes resoplando detrás de él. Sin embargo no ha habido siempre tantos visitantes. Durante años, mientras estaba desarrollando su método, el Sr. Fukuoka tuvo poco contacto con las personas de fuera de su aldea.

Cuando era joven, el Sr. Fukuoka abandonó su hogar rural y viajó a Yokohama para seguir la carrera de microbiólogo. Se especializó en enfermedades de plantas y trabajó durante algunos años en un laboratorio como inspector agrícola de aduanas. Fue durante esta época cuando todavía era un hombre joven de 25 años, que el Sr. Fukuoka pasó una experiencia que debía formar la base de su vida, y que sería el tema de este libro. “La revolución de una paja”. Dejó su trabajo y regresó a su aldea nativa para probar la solidez de sus ideas, aplicándolas en sus propios campos.

La inspiración de su método natural de agricultura le vino un día en que pasaba accidentalmente a través de un campo que no había sido cultivado ni utilizado durante muchos años. Allí vio que unas vigorosas plantas de arroz brotaban de entre una maraña de hierba.

A partir de entonces dejó de inundar sus campos para cultivar el arroz. Dejó de sembrar el arroz en primavera y en su lugar lo sembró en otoño, directamente sobre la superficie del campo en el momento en que naturalmente habría caído sobre el suelo. En vez de labrar el suelo para librarse de las malas hierbas, aprendió a controlarlas mediante una cubierta vegetal más o menos permanente de trébol blanco, y un acolchado de paja de trigo y de centeno.

Una vez que observa que las condiciones se han inclinado a favor de sus cultivos, el Sr. Fukuoka interfiere tan poco como le es posible sobre las comunidades vegetales y animales de sus campos.

Dado que muchos occidentales incluso agricultores no están familiarizados con la rotación del arroz y cereal de invierno y dado que el Sr. Fukuoka hace muchas referencias al cultivo de arroz en su libro, seria útil decir unas palabras sobre la agricultura tradicional japonesa.

Originalmente se sembraba directamente a voleo la semilla de arroz sobre las llanuras aluviales inundadas durante la época de los monzones. Eventualmente, las tierras bajas se aterrazaron para poder contener el agua del riego, incluso después de haber cesado las inundaciones.

Por el método tradicional, utilizado en el Japón hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, la siembra del arroz se hacía en un bancal-semillero cuidadosamente preparado.

Se distribuía compost y estiércol sobre los campos, siendo entonces inundados y labrados hasta tener una consistencia semejante a la del puré de guisantes. Cuando las plantitas tenían cerca de 20 cm. de altura eran transplantadas a mano a los campos. Trabajando firmemente un agricultor experimentado podía transplantar 0. 1 ha al día pero este trabajo lo hacían casi siempre varias personas trabajando juntas.

Una vez se había transplantado el arroz, el campo se cultivaba ligeramente entre las líneas. Posteriormente se arrancaban las malas hierbas a mano y se cubría a menudo el campo con un acolchado. Durante tres meses los campos permanecían inundados, con el nivel de agua a 2.5 o más cm. sobre el suelo. La siega se hacía a mano con una hoz. El arroz se ataba en haces y se colgaba sobre enrejados de bambú durante unas cuantas semanas para que se secara antes de la trilla del grano.

Desde el transplante a la cosecha, cada centímetro del campo había sido trabajado a mano por lo menos cuatro veces. Tan pronto como se finalizaba la cosecha del arroz se labraba el campo formando lomos aplanados de aproximadamente 30 cm. de anchura alternados con surcos de drenaje.

Se sembraba centeno o cebada sobre los lomos y se cubrían con tierra. Esta rotación era posible gracias a un calendario de siembra bien planeado y al cuidado puesto en mantener los campos bien provistos de materia orgánica y nutrientes esenciales.

Es de destacar que utilizando el método tradicional, los agricultores japoneses conseguían un cultivo de arroz y otro de cereal de invierno cada año en el mismo suelo, durante siglos, sin reducir la fertilidad del suelo.

A pesar de reconocer muchas de las virtudes de la agricultura tradicional el Sr. Fukuoka cree que ésta implica trabajos que no son necesarios. Habla de su propio método como la agricultura “del no hacer” y dice que hace posible, incluso para un agricultor de fin de semana, cultivar suficientes alimentos para toda la familia. Sin embargo la denominación de este método no significa que pueda llevarse a cabo sin esfuerzo. Su explotación se mantiene mediante un programa regular de trabajos en los campos lo que se hace debe realizarse correctamente y con sensibilidad.

Una vez que el agricultor ha decidido que una parcela de tierra debe contener arroz u hortalizas y ha esparcido la semilla, debe entonces asumir la responsabilidad de mantener esa parcela. Alterar la naturaleza y abandonarla después es dañino e irresponsable.

En el otoño el Sr. Fukuoka siembra el arroz, el trébol blanco y el cereal de invierno en el mismo campo y los cubre con una espesa capa de paja de arroz. El centeno o la cebada y el trébol brotan inmediatamente, pero las semillas de arroz permanecen latentes hasta la primavera.

Mientras el cereal de invierno está creciendo y madurando en los campos bajos, las laderas del vergel se convierten en el centro de la actividad. La cosecha de los cítricos dura desde mediados de noviembre hasta abril.

El centeno y la cebada se siegan en mayo y se esparcen sobre el campo para que se sequen durante una semana o diez días. Entonces se trillan y se aventan, y se meten en sacos para su almacenamiento. Toda la paja se esparce sin triturar sobre los campos como acolchado. Los campos se mantienen inundados durante un corto periodo de tiempo durante las lluvias monzónicas de junio para debilitar el trébol y las malas hierbas y dar así al arroz la oportunidad de brotar a través de la capa vegetal que cubre el suelo.

Una vez que se ha drenado el campo el trébol se recupera y se extiende creciendo por debajo de las plantas de arroz en crecimiento. Desde entonces hasta la cosecha una época de pesado trabajo para el agricultor tradicional, las únicas labores en los campos de arroz del Sr. Fukuoka son las de conservación de los canales de drenaje y las de segar la hierba de los estrechos caminos entre los campos.

El arroz se cosecha en octubre. Las gavillas se cuelgan para que se sequen y luego son trilladas. La siembra de otoño se finaliza justo antes de que las variedades tempranas de mandarinas estén maduras y listas para su cosecha.

El Sr. Fukuoka cosecha entre 4.900 5.800 Kg. de arroz por hectárea. Esta producción es aproximadamente la misma que se obtiene según el método tradicional o el método químico en su región. El rendimiento de su cosecha de cereal de invierno es frecuentemente mayor que el de los agricultores que emplean las técnicas tradicionales o las técnicas químicas utilizando ambas el método de cultivo a base de lomos y surcos.

Los tres métodos (natural, tradicional y químico) dan rendimientos similares, pero difieren marcadamente en su efecto sobre el suelo. El suelo en los campos del Sr. Fukuoka mejora con cada estación. Durante los últimos 25 años, desde que dejó de labrar el suelo, sus campos han mejorado en fertilidad, estructura y en su habilidad de retener el agua.

Siguiendo el método tradicional, el estado del suelo a lo largo de los años permanece sin variación, el agricultor obtiene cosechas proporcionales a la cantidad de compost y estiércol que incorpora.

El suelo en los campos del agricultor que emplea los métodos químicos se vuelve inanimado y se agota su fertilidad natural en muy poco tiempo. Una de las mayores ventajas del método del Sr. Fukuoka es que el arroz puede cultivarse sin inundar los campos durante la época de crecimiento.

Poca gente ha llegado a pensar que esto fuese posible: lo es, y el Sr. Fukuoka mantiene que el arroz crece mejor de esta manera. Sus plantas tienen un vigoroso tallo y raíces profundas. La antigua variedad de arroz glutinoso que cultiva, produce entre 250 y 300 granos por espiga.

La utilización de acolchado incrementa la capacidad del suelo para retener el agua. En muchos lugares, la agricultura natural puede eliminar la necesidad de regar. El arroz y otros cultivos de alto rendimiento pueden entonces cultivarse en áreas en las que previamente no se creía posible. Las tierras con pendientes o marginales por otro motivo, pueden ponerse en producción sin peligro de erosión.

Por medio de la agricultura natural, pueden rehabilitarse efectivamente los suelos que han sido dañados por medio de prácticas agrícolas negligentes o por el empleo de productos químicos. Las enfermedades y los insectos causantes de plagas están presentes en los campos en el vergel, pero las cosechas no son nunca devastadas. El daño afecta únicamente a las plantas más débiles. El Sr. Fukuoka insiste que el mejor control de plagas y enfermedades consiste en cultivar las plantas en un ambiente sano.

Los frutales del vergel del Sr. Fukuoka no se podan bajos y anchos para facilitar su cosecha, sino que les permite crecer tomando su forma natural. Las hortalizas y hierbas se cultivan en las laderas del vergel con un mínimo de preparación del suelo. Durante la primavera se mezclan semillas de badana, col, rábano, soja, mostaza, nabo, zanahoria y otras hortalizas y se siembran a voleo para que germinen en el espacio libre entre los árboles antes de alguna de las largas lluvias de primavera.

Obviamente, este tipo de siembra no resultaría adecuado en cualquier lugar. Da buen resultado en el Japón, donde hay un clima húmedo con lluvia segura durante los meses de primavera. La textura del suelo del Sr. Fukuoka es arcillosa. La capa superficial es rica en materia orgánica friable y con buena capacidad de
retención del agua. Éste es el resultado de la cobertura de hierbas y trébol que ha crecido continuamente en el vergel durante muchos años.

Las malas hierbas deben segarse cuando las hortalizas son jóvenes, pero una vez que las hortalizas están bien establecidas, se les permite crecer junto con la cobertura de trébol. Algunas hortalizas no se cosechan, sus semillas caen al suelo y, después de una o dos generaciones vuelven a presentar los hábitos de crecimiento de sus vigorosos antecesores, de sabor ligeramente amargo.

Muchas de estas hortalizas crecen sin ningún cuidado. Una vez, poco después de haber llegado a la explotación del Sr. Fukuoka, estaba caminando a través de una sección lejana del vergel, cuando inesperadamente tropecé con algo duro entre la alta hierba.

Parándome para observarlo más detenidamente vi que era un pepino, y junto a él encontré una calabaza anidando entre el trébol.

Durante años el Sr. Fukuoka escribió sobre su método en libros y revistas y se le entrevistó por radio y televisión pero casi nadie siguió su ejemplo. En esa época la sociedad japonesa se movía con determinación en la dirección opuesta.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los americanos introdujeron la moderna agricultura química en el Japón. Esto permitió a los agricultores japoneses producir aproximadamente con los mismos rendimientos que los métodos tradicionales, pero redujeron el tiempo empleado en el trabajo en algo menos
de la mitad.

Esto parecía un sueño convertido en realidad, y en menos de una generación casi todos habían adoptado la agricultura química. Durante siglos, los agricultores japoneses han mantenido el nivel de materia orgánica en el suelo mediante la rotación de cultivos, añadiendo compost y estiércol, y cultivando abonos verdes para mantener cubierto el suelo.

Una vez que estas técnicas se abandonaron, utilizando en su lugar los abonos químicos de rápida acción, el humus del suelo se agotó en una sola generación. La estructura del suelo se deterioró, los cultivos se debilitaron y se volvieron dependientes de los abonos químicos. Para compensar la reducción en trabajo humano y animal, el nuevo sistema destruía las fértiles reservas del suelo.

Durante los últimos cuarenta años, el Sr. Fukuoka ha observado con indignación la degeneración tanto de la tierra como de la sociedad japonesa. Los japoneses siguieron ciegamente el modelo americano de desarrollo económico e industrial, la población se trasladaba a medida que los agricultores emigraban del campo a las crecientes áreas industriales.

La aldea rural donde nació el Sr. Fukuoka y donde su familia vivió durante 1.400 o más años, ahora está en el límite de los suburbios en expansión de la ciudad de Matsuyama. Una carretera nacional con sus fragmentos de botellas de “sake”y su basura, pasa a través de los campos de arroz del Sr. Fukuoka. A pesar de que él no identifica su filosofía con ninguna secta u organización religiosa en particular la terminología y métodos del Sr. Fukuoka están fuertemente influenciados por el Budismo Zen y el Taoísmo. A veces también cita párrafos de la Biblia, y presenta puntos de la filosofía y teología Judeo Cristiana para ilustrar lo que está diciendo, o para estimular la discusión.

El Sr. Fukuoka cree que la agricultura natural procede de la salud espiritual del individuo. Considera que el sanar la tierra y la purificación del espíritu humano son un mismo proceso y propone un tipo de vida y de agricultura por medio del cual puede tener lugar este proceso.

Es poco realista pensar que en el curso de su vida en las condiciones actuales, el Sr. Fukuoka podrá contemplar su visión llevada a la práctica. Incluso después de más de treinta años sus técnicas están todavía en evolución. Su gran contribución es demostrar que el proceso diario de establecer la salud espiritual puede traer una transformación práctica y beneficiosa del mundo.

Hoy día el reconocimiento general de los peligros a largo plazo de la agricultura química ha renovado el interés de los métodos alternativos de agricultura.

El Sr. Fukuoka ha surgido como un portavoz autorizado de la revolución agrícola en el Japón. Desde la publicación de “La revolución de una brizna de paja” en octubre de 1975, el interés por la agricultura natural se ha difundido rápidamente entre la población japonesa.

Durante el año y medio que trabajé en la explotación del Sr. Fukuoka viajé frecuentemente a mi explotación en Kyoto. Allí todos estaban ansiosos de poner en práctica este nuevo método y gradualmente nuestra tierra fue convirtiéndose a la agricultura natural.

Además del arroz y la cebada de la rotación tradicional también cultivamos trigo, trigo sarraceno, patatas, maíz y soja siguiendo el método del Sr. Fukuoka.

Para plantar maíz y otros cultivos en hilera, que crecen lentamente, hacemos un agujero en el suelo con un palo o un trozo de bambú y ponemos una semilla en cada hoyo. Nosotros asociamos el maíz con soja siguiendo el mismo método o cubriendo las semillas con arcilla y esparciéndolas sobre el campo. Entonces segamos la cobertura vegetal de hierba y trébol blanco y cubrimos el campo con paja.

El trébol rebrotará, pero solamente después de que el maíz y la soja estén bien establecidos.

El Sr. Fukuoka nos pudo ayudar haciendo algunas sugerencias, pero tuvimos que ajustar el método mediante ensayos y errores a nuestras condiciones locales y cultivos. Sabíamos desde el comienzo que tardaría más de algunas estaciones, tanto para la tierra como para nuestro espíritu, cambiar a la agricultura natural. La transición se ha convertido en un proceso continuo.

 

Comentarios  

 
#8 carlos morales de fr 21-11-2011 00:10
lee este articulo
 
 
#7 Carlos Eugenio 30-04-2010 16:11
Si se puede hacer con arboles, cereales, etc., porque no, ademàs con probar con poco no perderias tanto
 
 
#6 David Peña 30-04-2010 09:31
hola: disculpen alguien sabe si se puede sembrar maíz con el método nendo dango y a que densidad por hectarea
 
 
#5 Carlos Eugenio Pucheta 13-05-2009 20:28
Lastima que se nos fue el maestro.
muy bueno el artículo, y mejor todavia el Libro.
 
 
#4 almachilensis 29-03-2009 22:07
Hola, nada mas cierto que la naturaleza nos maneja, heme aqui siguiendo lo que mi bisabuela al igual que el sr Fukuoka, me enseño. No quiero vivir los años que me queden de vida en medio del cemento, quiero hacerlo cara al sol entre las hotalizas y los arboles que hemos plantado con mi marido. :-)
 
 
#3 Daniel Mejia 18-07-2008 20:02
Hola, Gabriel,
en la página de permacultura montsant encuentras el libro en español de la revolución de una brizna de paja. Impresionante trabajo, inspirador como pocos...
http://www.permacultura-montsant.org
Saludes también desde Colombia, Bogotá.
 
 
#2 emilio j torres 17-07-2008 10:03
mi comentario...
pioneros como Fukuoka sientan las bases de una nueva era a todos los niveles relativos a la vida en este planeta,
un circulo en el que hoy dia 2008 estamos inmersos sin vuelta atras...y en el que estos temas (como fue testigo ya fukuoka en sus tiempos mozos) son tratados como secundarios en la sociedad...el problema ...o mejor la solucion esta en todos estos pioneros de la nueva era economico-socia l-religiosa-..- -..--..que cada dia surjen por todo el planeta Gaia y que con sus conocimientos y expereciencias pondran las bases para que los humanos progresemos hacia ese rumbo claro y nutriente del que nos desviamos hace muchos años, pero al que por inercia volvemos por que la logica intrinseca en cada uno de nosotros lo anhela freborosamente...

Me encanta el titulo de su Obra "la revolucion de una brizna de paja"...

saludos desde spain pais de los conejos...emili o
 
 
#1 Gabriel Ramírez A 08-07-2008 13:02
Hola!!!! Siento mucha alegría por haber encontrado éste maravilloso artículo sobre el Sr. Fukuoka. Estaba buscando algo acerca de su trabajo y no lo encontraba. Estoy completamente de acuerdo con su método de cultivo y pienso que es la mejor manera de cultivar y al mismo tiempo contribuir a la conservación del planeta, a la salud de la humanidad , a lograr la paz y a alcanzar el grado más alto de espiritualidad. Con este método de cultivo se cura el hombre y se logra también la independencia.
Los invito a experimentar en sus tierras para la producción de alimentos sanos, a contribuír a la disminución del calentamiento global y a acercarse más y mejor a la vida. En mi trabajo ya lo he comprobado.
Los saludo desde COLOMBIA y espero que todos nos unamos en un gran bloque alrededor de la conservación de la MADRE TIERRA.
ABRAZOS
GABRIEL RAMÍREZ
BHXXY
 


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